Vivienda de interés social al estilo frances

Author: mrplanos  //

Hace 10 años, en una entrevista para el libro “México, su apuesta por la cultura”, Ricardo Legorreta dejaba entrever uno de los retos que la muerte no le dejó cumplir: devolverle su dignidad a la vivienda de interés social. No fue el primero ni el último que ha visualizado la aparente quimera que hay entre proveer de una morada accesible y espaciosa a sus propietarios, que sea a la vez rentable para los constructores sin recurrir a chapuzas materiales y, encima, arquitectónicamente bien lograda.

Hace 10 años, en una entrevista para el libro “México, su apuesta por la cultura”, Ricardo Legorreta dejaba entrever uno de los retos que la muerte no le dejó cumplir: devolverle su dignidad a la vivienda de interés social.

No fue el primero ni el último que ha visualizado la aparente quimera que hay entre proveer de una morada accesible y espaciosa a sus propietarios, que sea a la vez rentable para los constructores sin recurrir a chapuzas materiales y, encima, arquitectónicamente bien lograda.



La preocupación no es baladí. La vivienda se ha vuelto tema de reflexión en encuentros académicos, obras especializadas y hasta exposiciones, como la que en 2011 organizó por primera vez la Ciudad de la Arquitectura y el Patrimonio, museo parisino dedicado a la arquitectura.







La segunda edición de esa muestra, “Hacia nuevas viviendas sociales 2”, se presentó en marzo del año pasado y en diciembre, su versión itinerante inició una gira por México, mediante la cual llegó esta semana al Museo de Arte e Historia de Guanajuato (MAHG).







Luc Liiévre, presidente de la Ciudad de la Arquitectura, señala que la muestra pretende reflexionar sobre las investigaciones y propuestas desarrolladas en el ámbito de la vivienda social en las últimas décadas.







“El reto de la exposición es múltiple”, dice Liiévre en el catálogo respectivo. “Ante todo, valorizar la creación arquitectónica en el ámbito de la vivienda social, la cual tiene grandes referentes en Francia, así como buscar que el público comprenda que los arquitectos no han renunciado a innovar en la materia, (…) presentando proyectos y realizaciones que muestran la existencia de posibles alternativas”.







Integrada por mamparas explicativas (prescindiendo de las maquetas de su versión original), la exhibición presenta 16 notables proyectos franceses de vivienda colectiva, varios firmados por figuras tan notables como Rudy Ricotti (autor del Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo de Marsella) o Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal (Fundación Regional de Arte Contemporáneo de Dunkerque).



Los proyectos



Los apartamentos Villiot-Rapée, de Gaëlle Hamonic y Jean-Christophe Masson, sirven como imagen identificativa de la exposición. Son dos torres, terminadas en 2011, que con su color y diseño destacan de inmediato en un entorno algo apagado, sometido a renovaciones urbanas inconexas durante tres décadas.







El proyecto distribuye 4 mil metros cuadrados entre 62 apartamentos, articulados bajo el principio rector de “crear en cada piso una impresión de contacto con la tierra, pero desde las alturas”. La idea se concreta en terrazas y balcones privados hilvanados en una fachada harto expresiva, con salientes, líneas agudas y una combinación de materiales transparentes y brillantes entre planos verdes.







En la exhibición están incluidas muchas de las intervenciones de “microcirugía” que se han desarrollado en la capital francesa para rehabilitar edificios antiguos. Tal es el caso del proyecto 168CR, firmado por el despacho Metek Architecture y que actualmente se construye en la calle Crimée.







Detrás de un viejo edificio sin edad, que se adecuará a la normativa vigente, se ubica un patio de 40 metros de profundidad que concluye en una antigua nave antaño usada como mercado y que ahora será asiento de siete talleres para artistas. A los lados de ese patio, los arquitectos levantan dos edificios de pequeña altura con fachadas de cobre dorado, en las que se ubicarán 31 viviendas de distintas medidas, casi todas con dos o tres orientaciones, una terraza y un balcón.







Otro caso de resurrección es el que el Taller de Arquitectura King Kong orquestó en el barrio de Terres-Neuves, en la ciudad de Bégles, renovando un complejo deteriorado de viviendas, al que se le adosaron estructuras de madera para obsequiar con terrazas a los apartamentos existentes.



Como los ricos



“Mi labor es diseñar viviendas que den la impresión de que eres rico, que combinen su bajo costo con el placer por habitarlas; mi labor no es hacer algo pobre para los pobres”.



Tan contundente y desinhibida expresión es de Rudy Ricciotti, una de las estrellas y “enfant terrible” de la arquitectura gala, quien se hace presente en la muestra con Parque Divona, el proyecto que firmó en Merignac y en el que, sobre una fachada de 150 metros, acomodó más de 120 viviendas y locales para comercio.







Un rasgo distintivo del estilo de Riccioti, sus elementos de concreto con formas onduladas, hace especialmente lucidor el frente de cada cuerpo de apartamentos, que se vinculan entre sí con volúmenes de menor tamaño cubiertos con celosías de madera.



En la ciudad de Bethune, Fréderic Borel también apela a crear un sentimiento de orgullo colectivo a través de su Castillo Social, una llamativa torre de 36 metros de altura, con un elemento ondulante en su fachada, que enmarca 47 viviendas, a razón de cuatro por piso, accesibles por áreas comunes naturalmente iluminadas en el corazón del edificio.







Expresivas también son las soluciones, en base a volúmenes salientes que rompen con la monotonía glacial de las plantas planas, propuestas por KOZ Architectes en Courbevoie y Philippe Dubus, en París. Este último trabajó un proyecto mixto que incorpora una biblioteca y una pequeña sala de exposiciones, de fachadas transparentes, al pie de su edificio de apartamentos.

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Hace 10 años, en una entrevista para el libro “México, su apuesta por la cultura”, Ricardo Legorreta dejaba entrever uno de los retos que la muerte no le dejó cumplir: devolverle su dignidad a la vivienda de interés social.

No fue el primero ni el último que ha visualizado la aparente quimera que hay entre proveer de una morada accesible y espaciosa a sus propietarios, que sea a la vez rentable para los constructores sin recurrir a chapuzas materiales y, encima, arquitectónicamente bien lograda.



La preocupación no es baladí. La vivienda se ha vuelto tema de reflexión en encuentros académicos, obras especializadas y hasta exposiciones, como la que en 2011 organizó por primera vez la Ciudad de la Arquitectura y el Patrimonio, museo parisino dedicado a la arquitectura.







La segunda edición de esa muestra, “Hacia nuevas viviendas sociales 2”, se presentó en marzo del año pasado y en diciembre, su versión itinerante inició una gira por México, mediante la cual llegó esta semana al Museo de Arte e Historia de Guanajuato (MAHG).







Luc Liiévre, presidente de la Ciudad de la Arquitectura, señala que la muestra pretende reflexionar sobre las investigaciones y propuestas desarrolladas en el ámbito de la vivienda social en las últimas décadas.







“El reto de la exposición es múltiple”, dice Liiévre en el catálogo respectivo. “Ante todo, valorizar la creación arquitectónica en el ámbito de la vivienda social, la cual tiene grandes referentes en Francia, así como buscar que el público comprenda que los arquitectos no han renunciado a innovar en la materia, (…) presentando proyectos y realizaciones que muestran la existencia de posibles alternativas”.







Integrada por mamparas explicativas (prescindiendo de las maquetas de su versión original), la exhibición presenta 16 notables proyectos franceses de vivienda colectiva, varios firmados por figuras tan notables como Rudy Ricotti (autor del Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo de Marsella) o Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal (Fundación Regional de Arte Contemporáneo de Dunkerque).



Los proyectos



Los apartamentos Villiot-Rapée, de Gaëlle Hamonic y Jean-Christophe Masson, sirven como imagen identificativa de la exposición. Son dos torres, terminadas en 2011, que con su color y diseño destacan de inmediato en un entorno algo apagado, sometido a renovaciones urbanas inconexas durante tres décadas.







El proyecto distribuye 4 mil metros cuadrados entre 62 apartamentos, articulados bajo el principio rector de “crear en cada piso una impresión de contacto con la tierra, pero desde las alturas”. La idea se concreta en terrazas y balcones privados hilvanados en una fachada harto expresiva, con salientes, líneas agudas y una combinación de materiales transparentes y brillantes entre planos verdes.







En la exhibición están incluidas muchas de las intervenciones de “microcirugía” que se han desarrollado en la capital francesa para rehabilitar edificios antiguos. Tal es el caso del proyecto 168CR, firmado por el despacho Metek Architecture y que actualmente se construye en la calle Crimée.







Detrás de un viejo edificio sin edad, que se adecuará a la normativa vigente, se ubica un patio de 40 metros de profundidad que concluye en una antigua nave antaño usada como mercado y que ahora será asiento de siete talleres para artistas. A los lados de ese patio, los arquitectos levantan dos edificios de pequeña altura con fachadas de cobre dorado, en las que se ubicarán 31 viviendas de distintas medidas, casi todas con dos o tres orientaciones, una terraza y un balcón.







Otro caso de resurrección es el que el Taller de Arquitectura King Kong orquestó en el barrio de Terres-Neuves, en la ciudad de Bégles, renovando un complejo deteriorado de viviendas, al que se le adosaron estructuras de madera para obsequiar con terrazas a los apartamentos existentes.



Como los ricos



“Mi labor es diseñar viviendas que den la impresión de que eres rico, que combinen su bajo costo con el placer por habitarlas; mi labor no es hacer algo pobre para los pobres”.



Tan contundente y desinhibida expresión es de Rudy Ricciotti, una de las estrellas y “enfant terrible” de la arquitectura gala, quien se hace presente en la muestra con Parque Divona, el proyecto que firmó en Merignac y en el que, sobre una fachada de 150 metros, acomodó más de 120 viviendas y locales para comercio.







Un rasgo distintivo del estilo de Riccioti, sus elementos de concreto con formas onduladas, hace especialmente lucidor el frente de cada cuerpo de apartamentos, que se vinculan entre sí con volúmenes de menor tamaño cubiertos con celosías de madera.



En la ciudad de Bethune, Fréderic Borel también apela a crear un sentimiento de orgullo colectivo a través de su Castillo Social, una llamativa torre de 36 metros de altura, con un elemento ondulante en su fachada, que enmarca 47 viviendas, a razón de cuatro por piso, accesibles por áreas comunes naturalmente iluminadas en el corazón del edificio.







Expresivas también son las soluciones, en base a volúmenes salientes que rompen con la monotonía glacial de las plantas planas, propuestas por KOZ Architectes en Courbevoie y Philippe Dubus, en París. Este último trabajó un proyecto mixto que incorpora una biblioteca y una pequeña sala de exposiciones, de fachadas transparentes, al pie de su edificio de apartamentos.

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