Skip to content →

Entrevista a ganador del Premio Pritzker

Al concentrarse en aspectos como la memoria, el lugar y la identidad, los proyectos del Premio Pritzker 2012 funcionan como el reverso de la elefantiásica obra pública china.

Al concentrarse en aspectos como la memoria, el lugar y la identidad, los proyectos del Premio Pritzker 2012 funcionan como el reverso de la elefantiásica obra pública china.

En arquitectura, o por lo menos en construcción, China tiene en la actualidad un efecto fascinante. Es la tierra donde los desarrollos parecen tan grandes, tan numerosos, tan arrolladores, tan inexorables e indiferentes a los escrúpulos europeos de gusto, dimensiones o corrección, que estos últimos empiezan a parecer lujos inútiles. Este es el futuro, parece ser el mensaje, y, les guste o no, hay que acostumbrarse.



Al arquitecto Wang Shu le gustaría ofrecer un punto de vista alternativo. No discute la fuerza ni la hegemonía de los enormes proyectos chinos, sino que sean los únicos e ineludibles productos arquitectónicos que su país tiene para ofrecer. Amateur Architecture Studio, la firma que dirige con su esposa, Lu Wenyu, se concentra en cosas como la memoria, el lugar, la artesanía y la identidad, y busca un “sentimiento real entre la gente y la construcción”, así como las formas en que se las puede reconocer en el extraordinario momento que vive China en la actualidad. Lo hace por medio de proyectos como un museo histórico en la ciudad costera de Ningbo, una academia de arte en la ciudad en la que vive, Hagzhou, y el rescate de una calle histórica, Zhongshan, también en Hangzhou.



Hablo con Wang cuando visita Londres por primera vez para hablar en la conferencia “Sustento de la identidad” en el Museo Victoria & Albert. “La gente dice que es enorme, pero la verdad es que una ciudad muy bonita”, es su primera impresión de la ciudad. En cuanto al desarrollo en su país, señala: “No creo que el modelo sea bueno. Por lo general se copia algún modelo de Japón, Hong Kong, Singapur o los Estados Unidos. Destruyen grandes sectores de las ciudades y los reemplazan por distritos cerrados con muros y policía. No tiene ninguna relación con la vida china. Tal vez deberíamos descubrir la verdadera realidad.”



En el museo histórico de Ningbo, eso significa una estructura austera de grandes dimensiones, una combinación de barco, montaña y castillo, enriquecida con mosaicos y ladrillos salvados de casas demolidas. Wang dice que ahí conoció a una mujer que le dijo que “visitó el lugar cuatro veces en medio año. Veía muchas cosas similares a su casa original, que había sido demolida. Buscaba su recuerdo. Las ciudades chinas modernas no tienen recuerdos, pero en lo más profundo de su corazón los necesitan. Me conmovió mucho.”





Museo histórico de Ningbo



Wang Shu, que tiene cuarenta y nueve años, es el ganador más reciente del premio Pritzker, la distinción más famosa de mundo en el ámbito de la arquitectura. Fue una de las elecciones más inesperadas del jurado, si bien ya era hora de que se tuviera en cuenta a China –es el primer ciudadano de ese país que obtiene el premio- y, por otra parte, Wang se inscribe en un patrón de decisiones del jurado. Sus integrantes tienden a alternar entre grandes estrellas, tales como Rem, Zaha, Rogers y Foster, y arquitectos reflexivos y dedicados que tienen una estrecha relación con los lugares en que trabajan, como Glenn Murcutt en Australia, Paulo Mendes da Rocha en Brasil y Peter Zumthor en Suiza.



Wang pertenece a esa última categoría. Eso no significa que sea sólo un artista folklórico o un tradicionalista. Es más audaz y enérgico. Como lo demuestra el museo de Ningbo, no le teme a las grandes construcciones ni a las formas simples del modernismo. Su proyecto de la calle Zhongshan comprende un fuerte techo de madera de libre inspiración en puentes antiguos y curiosas torres zoomorfas de hormigón. Su idea de “artesanía” comprende que las construcciones sean en ocasiones de factura basta y barata. No se concentra sólo en crear artefactos perfectos en un ámbito rústico, sino también en los efectos sociales de las construcciones.



Aceptó un pedido de un desarrollador de Hangzhou de construir una torre de viviendas. “Por lo general me niego”, dice, “pero ese cliente es una persona singular. Estudió historia, escribe poesía y novela, tiene una idea de cultura.” Quería “analizar una forma diferente” de construir un edificio. Wang quería determinar cómo las formas tradicionales de la vivienda china, donde varias personas pueden vivir en torno de un patio, podían trasladarse a una vivienda vertical.



Se le ocurrió “esta idea loca” en que la torre no es más que una montaña de patios, en cada uno de los cuales los habitantes pueden plantar –hasta árboles, si lo desean- y diseñar el paisaje. “En un edificio alto, lo habitual es que la gente no pueda identificar su ventana. Aquí se puede plantar un pino y decir: ‘el departamento del pino es el mío.’” Fue un éxito no convencional: en China son inversores quienes compran muchos de los departamentos, el 90 por ciento de este edificio está ocupado por familias que son propietarias de sus viviendas. Pero la venta llevó seis meses en un mercado donde los edificios pueden venderse por completo en una semana.



Wang no tiene mucho apuro en volver a trabajar con un desarrollador (y el desarrollador de la torre-patio, si bien se siente “orgulloso” del edificio, tampoco tiene apuro en volver a trabajar con Wang). De hecho, Wang está dispuesto a no trabajar en absoluto si las condiciones no le parecen las adecuadas. Le dice a su equipo: “Sólo quiero hacer lo correcto. Si tengo que dejar de trabajar, todos pueden volver a sus casas. Si quiero parar, puedo hacerlo. Es por eso que mi estudio se llama Amateur.”



Considera que es prácticamente el único que adopta esa posición, aunque luego recuerda que su amigo Ai Weiwei –artista, arquitecto y disidente- “es, aparte de mí, un buen arquitecto de China.” Si con una población de más de mil millones parece una postura quijotesca, Wang no piensa que sea inútil. “Mi idea del futuro es muy diferente. Creo que esos proyectos enormes terminarán por fracasar. Son cosas pasajeras. No perdurarán.”

Ver comentarios – Publicado en Buscador de Arquitectura con el título Entrevista a ganador del Premio Pritzker

Al concentrarse en aspectos como la memoria, el lugar y la identidad, los proyectos del Premio Pritzker 2012 funcionan como el reverso de la elefantiásica obra pública china.

En arquitectura, o por lo menos en construcción, China tiene en la actualidad un efecto fascinante. Es la tierra donde los desarrollos parecen tan grandes, tan numerosos, tan arrolladores, tan inexorables e indiferentes a los escrúpulos europeos de gusto, dimensiones o corrección, que estos últimos empiezan a parecer lujos inútiles. Este es el futuro, parece ser el mensaje, y, les guste o no, hay que acostumbrarse.



Al arquitecto Wang Shu le gustaría ofrecer un punto de vista alternativo. No discute la fuerza ni la hegemonía de los enormes proyectos chinos, sino que sean los únicos e ineludibles productos arquitectónicos que su país tiene para ofrecer. Amateur Architecture Studio, la firma que dirige con su esposa, Lu Wenyu, se concentra en cosas como la memoria, el lugar, la artesanía y la identidad, y busca un “sentimiento real entre la gente y la construcción”, así como las formas en que se las puede reconocer en el extraordinario momento que vive China en la actualidad. Lo hace por medio de proyectos como un museo histórico en la ciudad costera de Ningbo, una academia de arte en la ciudad en la que vive, Hagzhou, y el rescate de una calle histórica, Zhongshan, también en Hangzhou.



Hablo con Wang cuando visita Londres por primera vez para hablar en la conferencia “Sustento de la identidad” en el Museo Victoria & Albert. “La gente dice que es enorme, pero la verdad es que una ciudad muy bonita”, es su primera impresión de la ciudad. En cuanto al desarrollo en su país, señala: “No creo que el modelo sea bueno. Por lo general se copia algún modelo de Japón, Hong Kong, Singapur o los Estados Unidos. Destruyen grandes sectores de las ciudades y los reemplazan por distritos cerrados con muros y policía. No tiene ninguna relación con la vida china. Tal vez deberíamos descubrir la verdadera realidad.”



En el museo histórico de Ningbo, eso significa una estructura austera de grandes dimensiones, una combinación de barco, montaña y castillo, enriquecida con mosaicos y ladrillos salvados de casas demolidas. Wang dice que ahí conoció a una mujer que le dijo que “visitó el lugar cuatro veces en medio año. Veía muchas cosas similares a su casa original, que había sido demolida. Buscaba su recuerdo. Las ciudades chinas modernas no tienen recuerdos, pero en lo más profundo de su corazón los necesitan. Me conmovió mucho.”





Museo histórico de Ningbo



Wang Shu, que tiene cuarenta y nueve años, es el ganador más reciente del premio Pritzker, la distinción más famosa de mundo en el ámbito de la arquitectura. Fue una de las elecciones más inesperadas del jurado, si bien ya era hora de que se tuviera en cuenta a China –es el primer ciudadano de ese país que obtiene el premio- y, por otra parte, Wang se inscribe en un patrón de decisiones del jurado. Sus integrantes tienden a alternar entre grandes estrellas, tales como Rem, Zaha, Rogers y Foster, y arquitectos reflexivos y dedicados que tienen una estrecha relación con los lugares en que trabajan, como Glenn Murcutt en Australia, Paulo Mendes da Rocha en Brasil y Peter Zumthor en Suiza.



Wang pertenece a esa última categoría. Eso no significa que sea sólo un artista folklórico o un tradicionalista. Es más audaz y enérgico. Como lo demuestra el museo de Ningbo, no le teme a las grandes construcciones ni a las formas simples del modernismo. Su proyecto de la calle Zhongshan comprende un fuerte techo de madera de libre inspiración en puentes antiguos y curiosas torres zoomorfas de hormigón. Su idea de “artesanía” comprende que las construcciones sean en ocasiones de factura basta y barata. No se concentra sólo en crear artefactos perfectos en un ámbito rústico, sino también en los efectos sociales de las construcciones.



Aceptó un pedido de un desarrollador de Hangzhou de construir una torre de viviendas. “Por lo general me niego”, dice, “pero ese cliente es una persona singular. Estudió historia, escribe poesía y novela, tiene una idea de cultura.” Quería “analizar una forma diferente” de construir un edificio. Wang quería determinar cómo las formas tradicionales de la vivienda china, donde varias personas pueden vivir en torno de un patio, podían trasladarse a una vivienda vertical.



Se le ocurrió “esta idea loca” en que la torre no es más que una montaña de patios, en cada uno de los cuales los habitantes pueden plantar –hasta árboles, si lo desean- y diseñar el paisaje. “En un edificio alto, lo habitual es que la gente no pueda identificar su ventana. Aquí se puede plantar un pino y decir: ‘el departamento del pino es el mío.’” Fue un éxito no convencional: en China son inversores quienes compran muchos de los departamentos, el 90 por ciento de este edificio está ocupado por familias que son propietarias de sus viviendas. Pero la venta llevó seis meses en un mercado donde los edificios pueden venderse por completo en una semana.



Wang no tiene mucho apuro en volver a trabajar con un desarrollador (y el desarrollador de la torre-patio, si bien se siente “orgulloso” del edificio, tampoco tiene apuro en volver a trabajar con Wang). De hecho, Wang está dispuesto a no trabajar en absoluto si las condiciones no le parecen las adecuadas. Le dice a su equipo: “Sólo quiero hacer lo correcto. Si tengo que dejar de trabajar, todos pueden volver a sus casas. Si quiero parar, puedo hacerlo. Es por eso que mi estudio se llama Amateur.”



Considera que es prácticamente el único que adopta esa posición, aunque luego recuerda que su amigo Ai Weiwei –artista, arquitecto y disidente- “es, aparte de mí, un buen arquitecto de China.” Si con una población de más de mil millones parece una postura quijotesca, Wang no piensa que sea inútil. “Mi idea del futuro es muy diferente. Creo que esos proyectos enormes terminarán por fracasar. Son cosas pasajeras. No perdurarán.”

Ver comentarios – Publicado en Buscador de Arquitectura con el título Entrevista a ganador del Premio Pritzker

Extracto de:
Entrevista a ganador del Premio Pritzker

Published in AA ADI Ai Weiwei AND ARCO ARQ Arquitecto Arquitectos Arquitectura Arte at Australia BAJ bar Brasil CAD casa Casas China ciudad Como Conferencia construcción CREA Cultura departamento Departamentos Edificios En Construcción entrevista Entrevistas ESOS Estados estados unidos ESTO Estructura Estudio futuro General Gent historia Hong Kong hormigón Ido japón ladrillo ladrillos Londres madera modernismo montaña mosaico mundo muro noticias paisaje patio Paulo Mendes da Rocha Peter Zumthor Plaza Premio Pritzker Pritzker proyecto proyectos puente Puentes Real revista rios RRA sca Singapur SP suiza techo Tienen tierra torre Uncategorized Uster Vic Victoria vivienda viviendas Wang Shu

0